El Coloso en Llamas

A principios de 1974 Warner Brothers se había hecho con los derechos cinematográficos de la novela de Richard Martin Stein “La torre” (The tower) y 20th Century Fox, por recomendación de Irwin Allen, con los de “El infierno de cristal” (The glass inferno) de Thomas N. Scortia y Frank M. Robinson. Ambas novelas trataban del incendio de un rascacielos, así que Allen propuso a las dos grandes compañías cinematográficas unir sus recursos consiguiendo quince millones de dólares de presupuesto para la realización de El coloso en llamas (The towering inferno, 1974, John Guillermin). En el acuerdo, la Fox se haría cargo de la distribución por Norteamérica y la Warner Bros en el resto del mundo; los beneficios, al cincuenta por ciento. Conseguido el pacto, Allen volvió a contar con Silliphant para el guión, fundiendo ambas novelas en una sola historia: el climax de “La torre” (la huida de personas atrapadas en el edificio) y la resolución de “El infierno de cristal” (que, lógicamente, no se desvelará). Incluso el título de la película es una síntesis de los dos libros: “The towering inferno”. El gran protagonista del film es un enorme rascacielos de 138 plantas que sufre un incendio la noche de su inauguración debido a que el constructor ha infringido las normas de seguridad de este tipo de edificios para ahorrarse dinero en materiales. Trescientas personas quedan atrapadas en el salón de fiestas, situado en la planta 135, mientras los bomberos y el arquitecto del rascacielos tratan de salvar a los invitados y apagar el gigantesco incendio.

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El siguiente paso dado por Allen sería la contratación de actores. Posiblemente la estrella masculina del momento, Steve McQueen, interpretaría a Doug Roberts, el arquitecto del edificio. Paul Newman encarnaría a Michael O’Hallorhan, el heroico jefe de bomberos. Y, siguiendo la pauta de La aventura del Poseidón, a partir de aquí, nombres perfectamente reconocibles en la pantalla para facilitar la identificación al público de los personajes: Faye Dunaway, la novia del arquitecto; William Holden es Jim Duncan, el constructor del edificio; la modelo Susan Blakely, sería Patty, hija de Holden y casada con Roger Simmonds, a quien daba vida Richard Chamberlain, a su vez encargado de la instalación eléctrica del complejo. Los veteranos Jennifer Jones, en su último film, y Fred Astaire, interpretan a una pareja de ancianos que se enamoran durante la noche; Robert Vaughn es un senador encargado de los planes de ordenación urbana; O. J. Simpson es el jefe de seguridad del edificio y Robert Wagner el publicista del mismo, destinado a una trágica muerte entre las llamas. Pese a que el papel de mayor protagonismo era el del arquitecto, a McQueen le gustaba más el personaje del jefe de bomberos, por lo que sugirió a Allen intercambiar los roles con Newman, para lo que Silliphant reescribió algunas escenas con el fin de dar mayor protagonismo al bombero. Curiosamente tanto Steve McQueen como Paul Newman tienen exactamente el mismo número de líneas de diálogo en el guión y, en los créditos, el nombre de McQueen aparece a la izquierda de la pantalla y el de Newman a la derecha, si bien éste un poco más alto, por lo que dependiendo por dónde se lee, encabezará el reparto uno u otro. Cada una de las dos estrellas cobró un millón de dólares por su actuación más un porcentaje del 7.5% de los beneficios.

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Para dirigir el film, Allen contó con los servicios de John Guillermin, animado por Silliphant, con quien había trabajado en Shaft en Africa (Shaft in Africa, 1973, John Guillermin), ya que Neame, cuyo resultado había sido tan satisfactorio en La aventura del Poseidón, se hallaba rodando Odessa (The Odessa file, 1974, Ronald Neame). El plan de rodaje era de setenta días, dividiendo el trabajo entre cuatro unidades que filmarían simultáneamente. Guillermin se haría cargo de las escenas dramáticas mientras que Allen dirigiría en persona las numerosas escenas de acción. La empresa McGillivray-Freeman films rodaría la secuencia aérea de apertura y L. B. Abbott repetiría una vez más en los efectos especiales fotográficos. Como director de fotografía Allen contrató a Fred Koenekamp, amigo personal de McQueen, con el que había coincidido en el rodaje de Papillón (Papillon, 1973, Franklin J. Schaffner). Para las demás actividades recurriría a su equipo habitual: A. D. Flowers para los efectos especiales mecánicos; William Creber diseñaría los decorados (cincuenta y siete platós construidos en el rancho propiedad de la 20th Century Fox) y John Williams pondría la música.

 

Durante el rodaje de El coloso en llamas, Irwin Allen tuvo dos obsesiones: por una parte, conseguir que todo lo filmado pareciese real y, la mayor, le seguridad de los actores. No menos de treinta personas del cuerpo de bomberos de San Francisco y Los Ángeles estaban presentes durante el rodaje de las escenas de acción. El fuego se conseguía mediante una mezcla de gases y el departamento de bomberos de Los Ángeles limitaba los planos a una duración entre veinte y treinta segundos como máximo, debido a que el calor era enorme y el fuego podría haberse propagado con facilidad.

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Finalmente la película se completó en el tiempo establecido y dentro del presupuesto. La fecha de estreno fue el 14 de diciembre de 1974, con el fin de que llegara a la edición de los Oscar de ese año donde conseguirían el de mejor fotografía (Fred Koenekamp y Fred Biroc), mejor montaje (Harold F. Kress y Carl Kress) y el binomio compuesto por Al Kasha y Joel Kirschorn repetirían con el de mejor canción (“We may never love like this again” interpretada por Maureen McGovern). Además tuvo nominaciones en las categorías de mejor película, mejor actor secundario (Fred Astaire), mejor dirección artística, mejor sonido y mejor banda sonora, en una edición donde la gran triunfadora fue El padrino II (The godfather, part II, 1974, Francis Ford Coppola). La mayor sorpresa fue que el trabajo de Abbott y Flowers en los efectos especiales pasara totalmente desapercibido para los miembros de la Academia, ya que ni siquiera fueron nominados.

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El coloso en llamas fue una película extraordinariamente popular en su momento, alcanzando ciento dieciséis millones de dólares en taquilla. Irwin Allen fue condecorado por distintas asociaciones de bomberos porque el film contribuyó a la mejora de los sistemas anti-incendio por todo el mundo y la propia película tiene en su inicio una especial dedicatoria: “A todos aquellos que dieron sus vidas para que otros pudieran vivir, a los hombres que luchan contra el fuego…”.

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